SEREMOS GATAS, DE ACUERDO, SEREMOS GATITAS SI SE EMPEÑAN, PERO CON ALAS. IMAGÍNATE, LAS MUJERES Y LAS GATAS EN CASITA, RONRONEANDO Y LAVÁNDONOS LA CARA TODO EL RATO, QUÉ MÁS QUISIERAN ELLOS. PERO NOSOTRAS NO, NOSOTRAS VAMOS A VOLAR.
"Regiones devastadas" Enriqueta Antolín
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domingo, 31 de julio de 2011

Iba en serio

Trabajo hasta tarde. Corro en el metro aunque no tenga prisa. Saturo la agenda de compras y masajes, de clases de baile y lecciones de cocina. Lleno mis noches de cenas y cervezas y huyo los viernes muy lejos de Madrid. Vuelo por las aceras con el móvil en la mano... nunca freno, no paro, me niego a parar.

No quiero que llegue ese momento en que abro la puerta de casa y me topo con una mujer morena en el espejo del recibidor. Siempre lleva tacones y maletín y tiene dos arrugas minúsculas bajo el ojo izquierdo que nadie ha advertido todavía. Entonces no puedo evitar echar cuentas, acordarme de una chica con mechas rubias y ojos llenos de selvas y de olas, tener de repente esa certeza fría y afilada.

Que yo.

No iba a ser ésta.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Tristeza


«En nombre de los poetas y de los artistas, en nombre de los que sueñan y de los que estudian, se prohíbe a la civilización que toque a uno solo de estos ladrillos con su mano demoledora y prosaica.»
Bécquer. Leyenda de las 3 fechas

Damián Pérez era un tipo alegre. Andaluz de cuarta generación, sabía como aporrear una guitarra y contar chistes, y tenía una sonrisa perpetua en la cara que le dibujaba un cerco de arrugas encantadoras alrededor de los ojos. Todo el mundo coincidía en que era una persona de lo más graciosa. Por eso nunca entendió qué había de malo en su bar para que a tanta gente le diera por ponerse a llorar nada más traspasar el umbral. A él le hubiera gustado que fuese un sitio lleno de humo de puro, y de canciones, y de partidas de mus, como los bares de pueblo, incluso al principio tenía la idea de comprar una hilera de focos de colores para transformarlo en discoteca improvisada a media noche como si de una cenicienta rebelde se tratase. Pero ni la música ni los chistes podían nada contra todos esos llantos silenciosos que contagiaban una súbita e inexplicable tristeza a todos los clientes.
Primero pensó que eran los sillones de terciopelo. No había querido cambiarlos cuando compró el local y lo cierto es que estaban algo ajados y quizá le daban al sitio un cierto aire anticuado. Así que en su lugar puso unas butacas de línea minimalista en color wengué (o algo así), y el bar se le llenó de veinteañeros con gafas de pasta y chaleco, pero que seguían llorando. Después le echó la culpa a los espejos y los quitó todos, a pesar de que siempre había pensado que le daban amplitud al recinto. Pintó las paredes de color amarillo, cambió los cuadros en los que se veía el mar por cuadros en los que no se veía nada, compró platos cuadrados estilo oriental y tiró los centros de rosas de plástico de las mesas. Incluso vendió la araña de cristal a un anticuario, y aunque se sacó una pasta le dolió en el alma, porque pensó que con ello ponía de patitas en la calle definitivamente a todos los fantasmas de aquel viejo bar.
Entonces una mañana descubrió a una chica llorando enfrente del local cerrado, y de repente lo comprendió todo. El problema nunca había estado dentro, sino en el cartel que colgaba encima de la puerta. Por fin lo veía claro, veía a Nicole Kidman bailando en lo alto de una azotea con un bote de Channel nº5 mientras Meg Ryan perseguía a un hombre que no la quería para encontrar el amor donde menos se lo esperaba y Louis Armstrong tocaba una lúgubre trompeta… y aunque Damián Pérez era un tipo alegre tuvo que enjugar una lágrima mientras empezaba a pensar en un nuevo nombre para el café París.

martes, 11 de enero de 2011

(Can't get no) Satisfaction

Foto: "The birds" - Peter Lindbergh

Y la pantalla del quinqué, colgado en la pared por encima de la cabeza de Emma, iluminaba todas esas escenas del mund0 que desfilaban ante ella, una tras otra, en el silencio del dormitorio con el ruido lejano de algún carruaje retrasado que rodaba todavía por los bulevares.
Gustave Flaubert. Madame Bovary

Permitidme que me ponga nostálgica esta noche. Que empiece a echar de menos, no sé, los desayunos tardíos de tostadas con aceite, o las noches de insomnio machacón. Dejar volar el tiempo al otro lado de mi ventana y saber que el mundo está siempre en oferta en la página de Ryanair. Soñar con naves espaciales en la Guayana francesa. Ver en todos los cristales un recorte del cielo de Nueva York. Ese tipo de cosas que parecen tan sencillas y ya no lo van a ser. Hoy he vuelto a notar el sabor extrañamente dulce de ese veneno secreto y largamente escondido, y me he descubierto pensando sin querer en cientos de pájaros volando al sur.

jueves, 4 de marzo de 2010

Escritores malditos y elefantes furiosos

¿Qué puede hacer un poeta sin dolor? Lo necesita tanto como a la máquina de escribir.
Charles Bukowski. Esto es lo que mató a Dylan Thomas.

Cuando estaba en el instituto tenía un profesor que solía menear la cabeza antes de decir “señorita, tiene una visión demasiado romántica de la escritura”. Pero no era ese el diagnóstico; beber vinagre, enfermar de tuberculosis, comandar un velero fantasma o hablar de fuegosfatuosqueardenenlanoche formaba parte de una fiebre pasajera, como las hombreras y los tamagotchis. El problema de fondo era la atracción incontenible por la infelicidad, esa negrura que empezaba en el ombligo y crecía hasta llenar toda la barriga. Entonces llegaba la hora de meter la mano y hurgar en las tripas hasta sacar una hilera de hormigas que alinear en una página sin orden ni concierto, igual que un dadaísta hasta el culo de opiáceos. Había que empaparse lentamente de la palabra melancolía como de un petróleo oscuro y viscoso para que después llegaran en tropel todas las demás. Podía oírlas acudir desde lejos como una manada de elefantes furiosos y al final sólo quedaba el silencio y ese veneno secreto y escondido, una manía absurda de autodestrucción que tenía que ver con habitaciones vacías y cartones de vino barato, bañeras en las que se enfría despacio una espuma cobriza y pastillas para dormir.
Después se me terminaron el dolor y las palabras y he pensado en salir a cazar penas por ahí; en los bancos de las estaciones de trenes, en la cola del paro, en alguna ciudad ruinosa de Afganistán.
Será por tristezas.

sábado, 31 de enero de 2009

Del miedo y otros demonios

Era quedarse a solas con el pozo de sombras de debajo de la cama y una colonia de muñecas despeinadas. La superficie lisa y oscura de la parte más honda de la piscina. Era pararse en lo alto de una cuesta sobre patines de ruedas o cruzar de noche frente a la verja imponente del cementerio. Era sencillo y racional y podía curarse aguantando la respiración y cerrando fuerte los ojos. Después hasta los monstruos terminan creciendo, dan el estirón y se les afina la silueta, se les caen los pelos verdes y se transforman en un leve pavor a no vivir, que siempre puede mantenerse a raya con cielos azules y noches de sábado. Pero ahora es infinitamente peor. El pánico anida en las sábanas sin arrugas y las madrugadas llenas de páginas, se esconde en los cuadernos amarillentos y acecha hasta en las fotos nuevas donde hay ojos oscuros que miran sin ver. Es visceral y absurdo como los celos más vulgares y no tiene ni pies ni cabeza, pero vacía de oxígeno todas las habitaciones. El auténtico, inconfesable terror fue siempre no quedarme sola.

martes, 14 de octubre de 2008

Como un mar dormido

Anoche me tragué un velero, y creo que podría hasta con una plataforma petrolífera. Me he despertado con brazos de tsunami y un banco de peces plateados agitándose en mi espalda, y me salían rayos y centellas de los ojos amarillos y terribles como los de una orca. Creo que no sobrevivirá ningún submarino y me inclino para susurrarte al oído – ahora que no puedes oírme – un torbellino de versos robados (que dicen que son los mejores)



Oye: yo era como un mar dormido.
Me despertaste y la tempestad ha estallado.

sábado, 7 de junio de 2008

No es pecado


Estos días pienso en manzanas rojas. En ascensores y serpientes. Me pregunto si bastaría con pintarme los labios de morado y cardarme el pelo para convertirme en venenosabrujarrobapríncipes. Leo un poema de Benedetti que dice que ningún padre de la iglesia ha conseguido explicar por qué no existe un mandamiento once que ordene a la mujer no codiciar al hombre de su prójima. Me lanzo de cabeza entonces a esa codicia tan subterránea como inútil pero, no sé por qué, ya no tiene la misma gracia.

viernes, 23 de mayo de 2008

El tiempo de las cerezas





He comprado dos kilos de cerezas para celebrar que ya estamos en mayo: no me había dado ni cuenta con este tiempo de perros, y aunque si asomo la nariz por la ventana sigue oliendo a tierra mojada y a las fulminantes tardes inglesas, me han entrado ganas de pintarme las uñas de los pies de rojo putón y tirarme en el césped a beber vino barato y sobre todo de recoger una tonelada de rosas, de arrancar los rosales con saña, asaltar los jardines indiscriminadamente para escapar con los brazos arañados y un trofeo de flores flácidas (que no quede ni una)… la primavera tardía siempre es periodo de intensidad y de prisa por llegar a ninguna parte, pero después sólo deja una resaca de pétalos mustios y versos ponzoñosos, oro, lirio, clavel, cristal luciente, por eso me voy a pegar un atracón de cerezas mientras maldigo a todos los poetas muertos. Y a los vivos, también.

martes, 1 de enero de 2008

Apocalipsis

Acabo de ver una de tantas películas sobre la Guerra Civil española, de esas que cuentan una historia cuyo final se conoce de antemano, y aún así, no se puede evitar un estremecimiento que tiene mucho de frío y de miedo y de rabia y de esa pérdida prestada y antigua capaz de encogerte el estómago.
Me he quedado muda y muy tiesa en el sillón, y no sé por qué me ha dado por pensar qué hubiera hecho yo de encontrarme en la última noche republicana de Madrid, mientras las tropas franquistas se acercaban irremisiblemente y la sombra de un apocalipsis anunciado se deslizaba afilada por los rincones. Seguramente quemar documentos, coser banderas Nacionales con trozos de mantel, encerrarme en el armario más oscuro. Pero quizá también sufrir tal ataque de pánico que se me olvidara de repente el miedo a vivir: pensar que hacía una noche estupenda y bailar en la calle en una improvisada verbena sin farolillos ni serpentina de colores. Abrazar a un desconocido en la penumbra de un portal. Amar esa noche con piedad infinita, amar al primero que acertara a llegar...
Ojalá que, si viniera el apocalipsis, ya fuera bíblico o nuclear, lo supiéramos con al menos una noche de antelación.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Como siempre


Aunque hoy cumplas
doscientos ochenta y ocho meses
la matusalénica edad no se te nota cuando
en el instante en que vencen los crueles
entrás a averiguar la alegría del mundo
y mucho menos todavía se te nota
cuando volás gaviotamente sobre las fobias
o desarbolás los nudosos rencores

buena edad para cambiar estatutos y horóscopos
para que tu manantial mane amor sin miseria
para que te enfrentes al espejo que exige
y pienses que estás linda
y estés linda

casi no vale la pena desearte júbilos
y lealtades
ya que te van a rodear como ángeles o veleros

es obvio y comprensible
que las manzanas y los jazmines
y los cuidadores de autos y los ciclistas
y las hijas de los villeros
y los cachorros extraviados
y los bichitos de san antonio
y las cajas de fósforos
te consideren una de los suyos
de modo que desearte un feliz cumpleaños
podría ser injusto con tus felices
cumpledías

acordate de esta ley de tu vida

si hace algún tiempo fuiste desgraciada
eso también ayuda a que hoy se afirme
tu bienaventuranza

de todos modos para vos no es novedad
que el mundo
y yo
te queremos de veras

pero yo siempre un poquito más que el mundo


Mario Benedetti

domingo, 25 de noviembre de 2007

El efecto mariposa

"Si agita hoy, con su aleteo, el aire de Pekín, una mariposa puede modificar los sistemas climáticos de Nueva York el mes que viene"

No sirven las ecuaciones ni el cálculo integral: la mayoría de las veces es algo tan sencillo como eso, el aleteo de una insignificante mariposa en China, el zumbido de una mosca, el movimiento ondulante de las antenas de una hormiga, una araña deslizándose despacio desde el techo y pueden desatarse al otro lado del mundo tormentas eléctricas y vendavales que revuelven sábanas súbitamente humedecidas y hasta una lluvia de granizos carnívoros. Aunque parezca imposible en un sólo momento la vida puesta del revés. No era tan difícil después de todo.

Bienvenido sea el caos.

domingo, 21 de octubre de 2007

Besos que no fueron


En aquel beso pedido y rechazado en una acera cualquiera de Madrid estaban años de reencuentros y tropiezos. En aquel beso, seguramente tímido, torpe al principio quizá, latía todo lo que los dos habían sido, todo lo que habían perdido. Había un poso de adolescencia tardía en aquel beso que pudo ser y ya nunca será, horas de deseos lanzados en una botella al mar... para que se hundieran.